A comienzos del siglo VII de la era cristiana se produjo un acontecimiento extraordinario en la península Arábiga. Una figura carismática unificó las tribus nativas que, después, se embarcaron en una campaña de conquista que duró siglos.

Éste hombre se llamaba Muhammad, era conocido como el profeta Mahoma y su religión era el Islam. Él carecía de cultura pero se sentía inspirado, influido por las corrientes judaicas y cristianas, el Antiguo y Nuevo Testamento para afirmar la unicidad de Dios.

Como el profeta no recibió una educación formal, el Corán le fue revelado a través del habla, y fue escrito por sus secretarios. Así toda palabra fue escrita y preservada durante y después de su vida por sus compañeros.

Muchos llaman al Islam “Mahometismo”, en realidad es un nombre impropio para el mismo y lo ofende espiritualmente porque Mahoma fue el mensajero de Dios y no una divina adoración de los musulmanes. Ellos adoran a Allhá, no a su último profeta.

La predicción de Mahoma encuentra escepticismo en algunas personas y burlas en otras, encontró también algunos adictos que alarmaron a los comerciantes que traficaban en La Meca del riesgo que corrían sus negocios, ya que éstos se basaban en las peregrinaciones y se estaba propagandeando la abolición de los ídolos. Al principio él encontró apoyo en los de su tribu pero no tardaron en abandonarlo.

Mahoma luego de iniciar la expansión del Islam muere a los 76 años, el 8 de junio de 632, en un lugar muy alejado de La Meca.